Hay un mito que se coló en mi primer ensayo sobre Los Mitos de la Mente Inconsciente.
Yo lo sabía.
¿Tú lo detectaste?
Hoy te lo enseño — porque el día que lo ves, entiendes por qué llevas años hablándole a algo que no está ahí.
«Mi subconsciente me sabotea.» «Una parte de mí se resiste.» «Tengo bloqueos profundos.»
Hablamos de nuestra «mente inconsciente» como si dentro hubiera alguien. La psicología pop nos enseñó a hablarle. Algunas meditaciones nos quisieron enseñar a escucharla.
Hay un problema.
Esa «cosa» llamada «inconsciente»… no existe.
En el mito anterior te dije que no tenías acceso directo a tu mente inconsciente. Eso era el primer paso.
Hoy doy el segundo: lo que llamas «tu mente inconsciente» ni siquiera es una cosa.
Y peor:
Mientras escuches mis hipnosis sin entender lo que voy a explicarte hoy, vas a salir más «bloqueado» de lo que pudiste entrar.
«Mente.» «Inconsciente.»
Párate a pensar:
¿Qué es eso?
Pero no me respondas con más conceptos abstractos. Responde en el nivel de tu experiencia directa.
¿Puedes tocar, oler, ver… tal «cosa» como una «mente inconsciente»?
¡No!
Porque no es una cosa como si hablaras de un zapato o un sofá.
«La mente inconsciente» es un proceso disfrazado de cosa. La PNL lo llama nominalización. Suena académico — la idea es simple.
«Confianza» no es un objeto que tengas en el cajón. Es la conducta de confiar en contextos concretos.
«Motivación» no es gasolina que se acaba. Son secuencias de acción, de pensamiento y de sensación.
«La mente inconsciente» funciona igual: significa procesar más allá de lo que eres consciente, convertido por el lenguaje en un sustantivo, en una supuesta cosa que en realidad no es ninguna cosa.
Esto importa porque, cuando tratas un proceso como si fuera cosa, te pones a buscar la cosa. Y la cosa no está. Llevas años buscándola. Por eso no la encuentras. Por eso te frustras tanto.
No es que falles tú.
Es que estás buscando un objeto que no existe en el mundo.
Mi mentor y amigo Joergen Rasmussen, treinta años explorando hipnosis consigo mismo y con clientes, lo formula así:
«No existen partes, líneas de tiempo ni causas raíz tiradas por ahí como un cajón tiene tenedores, cuchillos y cucharas. Las sugerimos a la existencia.»
Las sugerimos a la existencia con el lenguaje. Y luego las experimentamos como si siempre hubieran estado ahí.
La cantidad de horas que muchos hemos gastado dialogando con «eso». Las terapias que hemos ido a «encontrarlo». Las meditaciones a «escucharlo». El dinero. Y la sensación, cada vez, de que estabas cerca pero no del todo.
¿Qué significa esto?
Sí ocurren procesos más allá de tu consciencia — eso es real. Lo que tu lenguaje hizo fue agruparlos en una palabra que parece nombrar una cosa. Y al nombrarlos así, los convirtió en una entidad imaginaria con la que llevas años intentando dialogar.
Tu lenguaje cosificó.
Y tu lenguaje es lo único que puede deshacerlo — devolviendo cada nombre a su forma de proceso.
Cuando dices «mi inconsciente me sabotea con los deadlines», afirmas una entidad que actúa contra ti. Cuando dices «cuando se acerca un deadline, dejo de hacer cosas — y aún no sé bien por qué», describes un proceso real sin inventar un saboteador.
Esa es la operación. Y es la única que tienes.
Ahora, otro elemento importante.
La misma frase — «una parte de ti / tu mente inconsciente» — tiene función completamente opuesta según el contexto donde aparece.
Mi otro mentor y amigo Omar Fuentes, lingüista y Master Trainer de Programación Neurolingüística, me enseñó a entender esto con precisión.
Dentro de una hipnosis, ese tipo de frases (tu mente consciente vs tu mente inconsciente) son un dispositivo lingüístico con un trabajo concreto. Fuera de una hipnosis, la misma frase puede operar como hechizo que te confunda y limite.
Misma estructura. Función opuesta. Resultado opuesto.
Fíjate:
Dentro de la sesión.
Cuando escuchas algo, lo comparas con cómo te percibes a ti mismo. Si encaja con cómo te percibes, lo admites con más probabilidad. Si choca contra cómo te percibes, lo tiendes a rechazar.
Llevas tres semanas durmiendo fatal. En una hipnosis te digo: «tú vas a sentir calma».
La frase choca con cómo te percibes ahora («llevo semanas mal, esto no es real»). Rechazada. Sales igual que entraste a la sesión.
Cambiamos la frase. «Mientras una parte de ti sigue pendiente de los pequeños ruidos a tu alrededor… otra parte puede estar conectando con la calma»
Aquí no choca contra tu identidad. Porque la frase no apunta a tu identidad — apunta a «una parte» que ni tú tienes definida. No hay nada concreto contra lo que se compare. La frase pasa.
Y al pasar, lo que tendría que ocurrir para sentir calma — el cuerpo se asienta, la respiración baja sola — empieza a ocurrir sin chocar contra nada.
El dispositivo no produce el cambio. Evita la comparación con tu identidad que de otra manera bloquearía la sugestión.
Importante: la frase no le habla a un alguien dentro de ti. La frase esquiva una comparación que de otra manera produciría rechazo. Eso es todo lo que pasa.
Milton Erickson lo sabía. Por eso lo usaba. Y por eso funciona.
Fuera de la sesión.
Pasa la sesión. Sales a la calle.
Y unas horas después estás en el metro pensando «mi inconsciente está integrando esto».
O al día siguiente, frustrado en el trabajo: «hay algo profundo en mí que se resiste».
O antes de dormir: «mi inconsciente está haciendo el cambio mientras yo descanso».
Aquí la misma frase deja de ser dispositivo. Se convierte en hechizo.
Y cada vez que la repites en tu día, hace tres cosas a la vez.
Vuelve a solidificar el proceso en una supuesta cosa. Te pone otra vez a buscar dentro al inquilino que no existe.
Y además: manda la responsabilidad fuera de tu alcance. Si «una parte de ti» o «tu inconsciente» están haciendo cosas por ti, tú no estás haciendo nada. Y, de paso, ya tienes a quién culpar cuando no sale lo que querías.
Y encima justifica la espera. «Está integrando, está procesando, está soltando…» Mientras «él» hace su trabajo, tú no haces el tuyo. Pasan los meses. Sigues exactamente igual.
Entonces ocurre lo más cruel: sales de cada hipnosis, y la repetición de la frase durante el resto del día fija otra vez lo que la sesión había empezado a mover. La sesión opera como «laxante». Tu lenguaje del día siguiente, como «cemento» (¿ves por qué pongo las palabras entre comillas? para recordar que no son «cosas», sólo son analogías que apuntan a un proceso que tú haces en tu conducta, de forma más o menos consciente ;).
Lo que se soltó por la mañana («laxante») se solidifica al mediodía («cemento»).
¿Por qué la misma frase libera dentro y atrapa fuera?
Una sola razón:
Dentro de la sesión hay contexto, propósito y tiempo acotado. Fuera, nada de eso.
Dentro hay una sesión de hipnosis. La frase tiene un trabajo concreto durante X minutos. Cuando termina la sesión, la frase se apaga con ella. Hizo lo suyo. Adiós.
Fuera no hay sesión. La frase no tiene contexto, no tiene trabajo, no tiene final. Es lenguaje suelto repitiéndose en el día. Y el lenguaje que repites conforma cómo funciona tu cabeza.
Entonces, a partir de hoy, te propongo dos procesos.
Primero: Cuando escuches alguna hipnosis y oigas «mientras una parte de ti está haciendo X… otra parte está haciendo Y» — ya sabes lo que se está haciendo. Es un dispositivo deliberado, en contexto, con propósito, para ayudarte a sacarle más provecho a la sesión. Funciona porque es dispositivo. No te lo creas literal. Aprovéchalo para sumergirte más en la experiencia.
Segundo: Durante la próxima semana, cada vez que te oigas decir «mi mente inconsciente…» o «una parte de mí…» fuera de una sesión — pausa. Y hazte dos preguntas:
¿Hay literalmente dentro de mí tal «cosa» como «una mente inconsciente» o «una parte»? ¿O es solo una forma de hablar — un proceso real que estoy haciendo, aunque no lo note?
Dos preguntas. Eso es dinamizar (recuperar la naturaleza de proceso) lo que tu lenguaje solidificó (creíste que era literalmente una cosa).
Y ahí, sin que lo notes, estarás ya entrenando para el siguiente paso. Porque si la mente inconsciente no es entidad, queda una pregunta enorme:
Entonces, ¿de dónde sale el cambio?
Eso lo veremos en el siguiente ensayo.
Hablamos pronto.